ENSEÑAR, HACIENDO

Decíamos en un artículo anterior, que la motivación es un proceso dirigido a satisfacer una necesidad, por lo que va evolucionando y empujando al individuo a la mejora continua a fin de realizarse profesional y personalmente, de ahí la importancia de que los empleados se encuentren motivados, jugando un papel importante en este sentido, entre otros aspectos, la formación. Sin embargo, en muchas ocasiones la inversión que realizan las empresas en materia de formación se produce en temas generalistas y que no tienen una estrecha relación, o al menos no en los términos deseados, con el trabajo diario de sus empleados. ¿Qué acciones puede hacer la empresa al respecto?

Aquellas personas que marcan la filosofía de una empresa y los protocolos de actuación a realizar, deben ser el espejo en el que el empleado se fije para realizar su trabajo, ya que la mejor forma de enseñar, es haciendo.

Difícilmente podemos exigir a un empleado no excesivamente afable, que sonría al cliente durante toda la atención comercial que preste a un cliente, si generalmente cuando éste observa a su superior en tareas comerciales, no percibe un ápice de la afabilidad exigida.

Así mismo, si en el sector de la restauración, deseamos promocionar unos nuevos platos que conforman nuestra oferta, el maître debiera ser quien de ejemplo de ello, para posteriormente conseguir que sea un hábito en la forma de proceder del resto de los empleados. En definitiva, el empleado debe percibir coherencia entre lo que dice o exige su supervisor y lo que hace. Es un comportamiento sencillo y eficaz, que a menudo cae en el olvido y que su correcto uso, posibilita aumentar la calidad en el servicio que se le presta al cliente.

Además, esta forma de proceder, permite a quien corresponda, corregir errores en las indicaciones realizadas y aportar soluciones a las mismas. Si además se anima a todos los integrantes de la plantilla, a sugerir mejoras y tomar la iniciativa, se mejorará la calidad de las relaciones laborales y se estará actuando en pro del mantenimiento del grado de compromiso y esfuerzo necesario que han de poseer los empleados para aportar un servicio de calidad en el desempeño de su trabajo.

No podemos olvidar que el citado esfuerzo, no puede caer en saco roto si deseamos que se mantenga, siendo fundamental que cada empleado reciba retroalimentación sobre el trabajo que realiza, ya sea ésta positiva o negativa, que haga ver a éste que su trabajo es tenido en cuenta y se valora.

Por tanto, se hace necesario sensibilizar a todos los empleados, para conseguir su implicación en el trabajo, ya que sin su compromiso, difícilmente conseguiremos que utilicen de la manera más adecuada los contenidos que reciban en materia de formación.

La mejor formación específica para una organización se encuentra en la misma organización.


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