LA FORMACION EMPRESARIAL

Bernardo San Juan, Formador de Empresas, nos descubre las claves para un empresario a la hora de decidir la mejor formación para él mismo y sus empleados.

¿Qué carencias más comunes ha detectado en la planificación de las acciones formativas que ha impartido?

En mi opinión, las acciones formativas son indispensables para potenciar el recurso más importante en las empresas, el humano. Sin embargo, muchas veces las acciones formativas se convierten en un trámite, una pérdida de tiempo y una desmotivación frente a las mismas por parte de los asistentes.

Las acciones formativas deberían adaptarse a las necesidades de los asistentes. Debería existir una armonía entre lo que se pretende que aprendan o potencien los asistentes, y los medios que la empresa pone a su alcance para conseguir sus objetivos.

¿Se implica la Dirección de las empresas en prever las sesiones formativas como un instrumento que mejore las aptitudes y actitudes de los empleados, o exclusivamente las primeras de estos aspectos?

La mayoría de las empresas en las que he trabajado saben perfectamente que las aptitudes no sirven de nada sin una actitud adecuada. Una buen actitud puede determinar la facilidad de adquirir nuevas aptitudes: el crecimiento profesional, un afán de superación, el sentimiento de querer hacer de nuestro trabajo un arte.

Lo que no saben es cómo conseguir y mantener dichas actitudes. Para ello es indispensable que la dirección se implique, que participe de forma activa en las sesiones formativas. Cuanto más personalizada sea la sesión formativa, cuanto más flujo de información (ascendente/descendente) exista entre la parte operativa y la directiva de la empresa, más repercutirá en el resultado esperado.

La mayoría de las acciones formativas se financian a través de fondos europeos y de la Seguridad Social. Esto puede parecer atractivo pero en muchos casos no es beneficioso, ni eficaz. Financiar las acciones formativas con fondos públicos obliga a adaptarse a ciertos requisitos (mínimo de asistencia, unas horas de duración determinadas…) que en muchos casos son contraproducentes. La Dirección de la empresa se centra en llenar los cursos con cualquier asistente, independientemente de las necesidades formativas reales del asistente en concreto, en cumplir el mínimo de horas formativas establecidas, obligando a hacer más horas de las necesarias.

Una acción formativa personalizada con una duración adecuada y un objetivo bien definido repercutirá en los resultados de la empresa de una forma sostenible.

¿Considera que la formación a comerciales ha de evolucionar hasta acciones específicas y personalizadas de coaching en las que se involucren los empleados y les sea de verdadero provecho en su quehacer laboral diario?

Un ingeniero hace estructuras, del fruto del trabajo de un cocinero nace un plato; pero un comercial… Un comercial no desarrolla productos, los vende. Para ello hace uso de valores intangibles, inteligencia emocional, capacidad comunicativa, lenguaje corporal, relaciones humanas,… Cuando un comercial entiende la fuerza que le otorga desarrollar dichas competencias, es cuando empieza a apreciar su trabajo, a amarlo. Trabajar las competencias no es tarea fácil pues hace poco que se han llevado a un plano científico. Un coach puede ser la persona ideal para ayudar a potenciar dichas competencias, a hacer entender que la amabilidad, la proactividad o el don de gentes no son actitudes innatas ni aspectos de la personalidad estáticos. Sino que son actitudes y competencias susceptibles de desarrollo, potenciación y dominio.


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